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Se muestran los artículos pertenecientes al tema Cuentos.

La fábula de la ostra y el pez

  

Érase una vez una ostra y un pez. La ostra habitaba las aguas tranquilas de un fono marino, y era tal la belleza, colorido y armonía del movimiento de sus valvas que llamaba la atención de cuantos animales por allí pasaban. Un día acertó a pasar por el lugar un pez que quedó prendado al instante. Se sintió sumamente atraído por la ostra y deseó conocerla al instante. Sintió un fuerte impulso de entrar en los más recónditos lugares de aquél animal misterioso. Y así partió veloz y bruscamente hacia el corazón de la ostra, pero ésta cerró, también bruscamente, sus valvas. El pez, por más y más intentos que hacía para abrirlas con sus aletas y con su boca, aquellas más y más fuertemente se cerraban.

Pensó entonces en alejarse, esperar a cuando la ostra estuviera abierta y, en un descuido de ésta, entrar veloz sin darle tiempo a que cerrara sus valvas. Así lo hizo, pero de nuevo la ostra se cerró con brusquedad. La ostra era un animal extremadamente sensible y percibía cuántos mínimos cambios en el agua ocurrían, y así, cuando el pez iniciaba el movimiento de acercarse, esta se percataba de ello y al instante cerraba sus valvas. El pez, triste, se preguntaba ¿por qué la ostra le temía?, ¿cómo podría decirle que lo que deseaba era conocerla y no causarle daño alguno?, ¿cómo decirle que lo único que deseaba era contemplar aquella belleza y compartir las sensaciones que le causaban?

El pez se quedó pensativo, y estuvo durante mucho rato preguntándose qué podría hacer. ¡De pronto!, se le ocurrió una gran idea. –Pediré ayuda, se dijo. Sabía que existían por aquellas profundidades otros peces muy conocidos por su habilidad para abrir ostras, y hacia ellos pensó en dirigirse. Pero sabía que eran peces muy ocupados y no deseaba importunarles.

Deseaba que le escucharan y que le prestaran su ayuda. Comenzó a dudar si aquella idea era una buena idea. Pensó –seguro que estarán tan ocupados que no podrán ayudarme. ¿Qué pudo hacer?, se preguntó. Tras pensar algún rato llegó a la conclusión que lo mejor era informarse por otros peces que les conocían cuál era el mejor momento para abordarles, cómo tendría que presentarse. Después de informarse muy bien, eligió el momento más oportuno y hacia ellos se dirigió.

- Hola, dijo el pez. ¡Necesito vuestra ayuda!. Siento grandes deseos de conocer una ostra gigante pero no puedo hacerlo porque cuando me acerco cierra sus valvas. Sé que vosotros sois muy hábiles en abrir ostras y por eso vengo a pediros ayuda.

El pez continuó explicándoles las dificultades que tenía y los intentos por resolverlas. Llegó a decirles la sensación de impotencia que le entraba y los deseos de abandonar tras tantos intentos fallidos.

Los peces le escucharon con suma atención, le hicieron notar que entendían su desánimo pues ellos se habían encontrado en circunstancias similares. Le felicitaron por el interés que mostraba en aprender y la inteligencia que demostraba tener al pedir ayuda y querer aprender de otros.

El pez se sintió mucho más tranquilo y esperanzado, les contó los temores que tenía al pedirles ayuda y fue "abriéndose" cada vez más a toda la información que aquellos avezados peces le contaban. Escuchó con atención cómo ellos también habían aprendido de otros peces y cómo incluso hacían cursos de entrenamiento en abrir ostras. Escuchó cómo a pesar de sus habilidades había algunas ostras que les resultaban difíciles de abrir, pero ello más que ser un motivo de desánimo, esa dificultad les estimulaba a seguir investigando y reunirse para intercambiar conocimiento y mejorar sus prácticas de abrir ostras.

Los peces continuaron en animada conversación.

-Mira, algo muy importante que has de lograr es suscitar en la ostra el deseo y las ganas de comunicarse contigo.

-¿Y cómo podré lograrlo?

-De la misma manera que tú has logrado comunicarte con nosotros y "abrir nuestras valvas" de pez.

-¿Cómo?

-Tú deseabas que nosotros te escucháramos y te prestáramos ayuda. Nos has dicho que dudabas de si podrías lograrlo, ¿no es verdad?

-Sí, así es.

-Podías haberte quedado con la duda, pero en lugar de eso, diseñaste un plan de acción. Buscaste información acerca de nosotros, te informaste de cual era el mejor momento de abordarnos y qué decirnos. Tú sabías que nosotros éramos muy sensibles a la expresión honesta y sincera de "necesito vuestra ayuda". También sabías que nos agrada, como a todo hijo de pez, el reconocimiento de nuestra competencia y veteranía en abrir ostras. Te confesamos que todo ello nos agradó mucho. También nos gustó tu mirada franca y serena y tus firmes y honestas palabras.

-Sí, en efecto eso es lo que hice. Ahora que lo decís mis "valvas de pez" se sintieron también abiertas al notar que me escuchabais con atención. Me agradó mucho el que os hicierais cargo de mi impotencia, ¡y por qué no decirlo!, me agradó también el que me felicitarais por pediros ayuda...

-Claro, todo esto suele ser recíproco, contestaron los peces.

-Muy bien, pero ¿cómo podré hacerlo con la ostra? No conozco su lenguaje, sus costumbres, sus miedos, no conozco tampoco qué es lo que le agrada...

-Bien, también has diseñado un plan de acción para "abrir la ostra". El primer paso ha sido el de visitarnos para que te informemos de sus costumbres, de sus miedos, de todo aquello que le agrada...

Te podemos decir todo aquello que suele suscitar temor en las ostras. Les asusta el movimiento brusco de las aguas, de hecho habrás observado que cuando hay tempestades y hay mucho oleaje las ostras están fuertemente cerradas. Es por eso que si te acercas a ellas cuando hay muchas turbulencias tendrás grandes dificultades para lograr que se abran. Les asusta el que algún animal se acerque de modo imprevisto. Les agrada en cambio los movimientos suaves, los besos y las caricias y el que no se entre en sus interioridades sin antes conocerse durante algún tiempo. También les agrada mucho el que se les hable en su lenguaje. Habrás observado que lanzan a través de sus valvas pequeñas pompas de aire. Si las observas con suma atención podrás aprender los códigos que utilizan.

De este modo, los peces continuaron asesorándole. Le invitaron a pasar largos ratos observando el comportamiento de la ostra. Le invitaron también a asistir a alguno de los cursillos que organizaban y le regalaron un manual: "El Manual del abridor de ostras".

Tras varias semanas de observación, aprendizaje y entrenamiento, el pez pudo por fin disfrutar con aquella bellísima ostra. Pudo, ¡al fin!, lograr entrar en las interioridades de la ostra y compartir las sensaciones que le causaba. Pudo también abrir otras ostras, incluso ostras extremadamente sensibles y que se cerraban con suma facilidad.

 

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Costa Cabanillas, M.; López Méndez, E. (1996)
Manual para el educador social. Madrid: Ministerio de Asuntos Sociales, Centro de Publicaciones.

03/05/2007 10:42 Autor: Laura. . Tema: Cuentos Hay 4 comentarios.

¿Coloreas tu mundo?

 

 

Cuentan que una vez un niño se encontró un pincel, y que pronto se dio cuenta de que sus colores iluminaban todo aquello que tocaban.

Coloreó las nubes, los árboles, los mares,

el cielo, las montañas, las estrellas,

y todas las cosas bellas.

Pero pensó que esas cosas ya eran lo suficientemente hermosas, y que quizás su pincel podría iluminar la tristeza, la soledad, la preocupación, el desencuentro ...

Recorrió sus caminos coloreando, y su entorno se tornó arco iris. 

 

 

 

 

                              
27/10/2006 04:24 Autor: Laura. . Tema: Cuentos Hay 5 comentarios.

Érase una vez...

"A un discípulo que se lamentaba de sus limitaciones le dijo el maestro: Naturalmente que eres limitado. Pero ¿no has caído en la cuenta de que hoy puedes hacer cosas que hace quince años te habrían sido imposibles? ¿Qué es lo que ha cambiado?

Han cambiado mis talentos.

No. Has cambiado tú.

¿Y no es lo mismo?

No. Tú eres lo que tú piensas que eres. Cuando cambia tu forma de pensar, cambias tú". 

  

Somos los guionistas de la película, de nuestra vida... podemos cambiar lo que no nos gusta, escribir nuestra propia historia.

El final depende de nosotros.

  

Texto: Anthony de Mello

Agradecimientos: A los que buscan

  

 

16/09/2006 12:51 Autor: Laura. . Tema: Cuentos Hay 1 comentario.

¿Cómo sabes?

 

Hace muchos años, en una pobre aldea china vivía un labrador con su hijo. Su único bien material, aparte de la tierra y de la pequeña casa de paja, era un caballo que había heredado de su padre.

Un buen día el caballo se escapó, dejando al hombre sin animal para labrar la tierra. Sus vecinos —que lo respetaban mucho por su honestidad y diligencia— acudieron a su casa para decirle cuánto lamentaban lo ocurrido. Él les agradeció la visita, pero preguntó: 

— ¿Cómo podéis saber que lo que ocurrió ha sido una desgracia en mi vida? 

Alguien comentó en voz baja con un amigo: «Él no quiere aceptar la realidad, dejemos que piense lo que quiera, con tal que no se entristezca por lo ocurrido». 

Y los vecinos se marcharon, fingiendo estar de acuerdo con lo que habían escuchado. 

Una semana después, el caballo retornó al establo, pero no venía solo: traía una hermosa yegua como compañía. Al saber eso los habitantes de la aldea alborozados, porque sólo ahora entendían la respuesta que el hombre les había dado, retornaron a casa del labrador para felicitarle por su suerte. 

— Antes tenías sólo un caballo, y ahora tienes dos. ¡Felicitaciones!—dijeron. 

— Muchas gracias por la visita y por vuestra solidaridad —respondió el labrador. ¿Pero cómo podéis saber que lo que ocurrió es una bendición en mi vida? 

Desconcertados, y pensando que el hombre se estaba volviendo loco, los vecinos se marcharon, comentando por el camino: «¿Será posible que este hombre no entienda que Dios le ha enviado un regalo?» 

Pasado un mes, el hijo del labrador decidió domesticar la yegua. Pero el animal saltó de una manera inesperada, y el muchacho tuvo una mala caída rompiéndose una pierna. Los vecinos retornaron a la casa del labrador, llevando obsequios para el joven herido. El alcalde de la aldea, solemnemente, presentó sus condolencias al padre diciendo que todos estaban muy tristes por lo que había sucedido. El hombre agradeció la visita y el cariño de todos. Pero preguntó: 

— ¿Cómo podéis saber si lo ocurrido ha sido una desgracia en mi vida? 

Esta frase dejó a todos estupefactos, pues nadie puede tener la menor duda de que un accidente con un hijo es una verdadera tragedia. Al salir de la casa del labrador, comentaban entre sí: «Realmente se ha vuelto loco; su único hijo se puede quedar cojo para siempre y aún tiene dudas de que lo ocurrido no es una desgracia». 

Transcurrieron algunos meses y Japón declaró la guerra a China. Los emisarios del emperador recorrieron todo el país en busca de jóvenes saludables para ser enviados al frente de batalla. Al llegar a la aldea, reclutaron a todos los jóvenes excepto al hijo del labrador que estaba con la pierna rota. Ninguno de los muchachos retornó vivo. El hijo se recuperó, los dos animales dieron crías que fueron vendidas y rindieron un buen dinero. El labrador pasó a visitar a sus vecinos para consolarles y ayudarles, ya que se habían mostrado solidarios con él en todos los momentos.

Siempre que alguno de ellos se quejaba el labrador decía: 

— ¿Cómo sabes si esto es una desgracia?

  

Y si alguien se alegraba mucho, él preguntaba: 

  

— ¿Cómo sabes si eso es una bendición? 

  

  

Nunca se sabe si lo que te sucede en un momento determinado de tu vida, acabará siendo algo positivo o negativo. Sólo hay que esperar para que el tiempo lo diga todo. Y en la espera, ser consciente de que un mal comienzo, puede tener un buen final. Supongo que es una de las formas de ser proactivo y verle el lado positivo hasta a lo más negativo. 

Yo creo que sigo esperando… pero ahora soy consciente de esta espera.

  

Fuente: Cuentos y Fábulas

07/09/2006 12:06 Autor: Laura. . Tema: Cuentos Hay 6 comentarios.

El Príncipe y el Mago

Gracias a una asignatura, o mejor dicho, gracias al profesor que imparte esa asignatura, ha llegado hasta mí, una historia, “El príncipe y el Mago”, de la novela de John Fowles, “The Magus”.

Y cómo no iba a publicarla, además de reflexionarla.

Os dejo con la historia… y con mi reflexión.

«Érase una vez un joven príncipe que creía en todas las cosas menos tres. No creía en las princesas, no creía en las islas y no creía en Dios. Su padre, el rey, le dijo que nada de eso existía. Y como no había en los dominios de su padre princesas ni islas, ni tampoco señal alguna de Dios, el joven príncipe creyó lo que su padre le decía.
Pero, un día, el príncipe se escapó del palacio. Y llegó al país vecino.
Allí se quedó asombrado al ver islas desde todas las costas, Y, en esas islas, extrañas criaturas, a las que no se atrevió a dar nombre.
Cuando buscaba un barco, un hombre vestido de etiqueta se le acercó y el príncipe le preguntó:
- Eso que hay allí, ¿son islas de verdad?
- Claro que son islas de verdad - dijo el hombre del traje de etiqueta.
-¿Y qué son esas extrañas y turbadoras criaturas?
- Son todas ellas princesas auténticas.
- Entonces ¡también Dios existe! - exclamó el príncipe.
- Yo soy Dios- repuso el hombre vestido de etiqueta, haciéndole una reverencia.
El joven príncipe regresó a su país lo antes que pudo.
- De modo que has regresado...- le dijo su padre, el rey.
- He visto islas. He visto princesas. Y he visto a Dios - le dijo el príncipe en son de reproche.
El rey no se conmovió en absoluto.
- Ni existen islas de verdad, ni princesas de verdad ni ningún Dios de verdad.
-¡Yo lo he visto!
- Dime cómo iba vestido Dios.
- Dios iba vestido con traje de etiqueta.
-¿Te fijaste si llevaba arremangada la chaqueta?
El príncipe recordó que, efectivamente, así era. El rey sonrió.
Eso no es más que el disfraz de los magos. Te han engañado.
Al oír esto, el príncipe regresó al país vecino, fue a la misma playa y encontró una vez más al hombre que iba vestido de etiqueta.
Mi padre, el rey, me ha dicho - dijo el joven príncipe con indignación
- quién es usted en realidad. La otra vez me engañó, pero no volverá a hacerlo. Ahora sé que esas no son islas de verdad ni princesas de verdad, porque usted es un mago.
El hombre de la playa sonrió.
Eres tú, muchacho, quien está engañado. En el reino de tu padre hay muchas islas y muchas princesas. Pero como estás sometido al hechizo de tu padre, no puedes verlas.
El príncipe regresó pensativo a su país. Cuando vio a su padre, le miró a los ojos.
Padre, ¿es cierto que no eres un rey de verdad, sino un simple mago?
El rey sonrió y se arremangó la chaqueta.
Sí, hijo mío, no soy más que un simple mago.
Entonces el hombre de la playa era dios.
El hombre de la playa era otro mago.
Tengo que saber la verdad auténtica, la que está más allá de toda magia.
No hay ninguna verdad más allá de la magia - dijo el rey.
El príncipe se quedó muy triste.
Me suicidaré - dijo.
El rey hizo que, por arte de magia, apareciese la muerte. La muerte se plantó en el umbral y llamó al príncipe. El príncipe se estremeció.
Recordó las bellas aunque irreales islas, y las bellas aunque irreales princesas.
Muy bien- dijo - puedo soportarlo.
Lo ves, hijo - dijo el rey -, también tú empiezas a ser mago.»

Como si de un día gris y nublado se tratara, la niebla nos impide ver. Y esa niebla es la magia. Magia que nos impide ver.

Y qué es en sí la magia, más que una manipulación de ilusiones. Ilusiones que nos impiden ver.

Y qué es en sí el mago, más que un manipulador de ilusiones. Mago que nos impide ver.

Como el príncipe, manipulado por su mago, cegado por la magia, sin poder ver.

Aquel que sea capaz de disipar la niebla y ver, se convierte en mago, en manipulador de sus propias ilusiones, creador de su propia magia, creador de sus ilusiones.

Cuando nos cuestionemos lo que vemos, cuando seamos conscientes y capaces de reconocer la magia de otros y en otros, cuando nos cuestionemos la magia de otros, cuando nos sumerjamos en una incertidumbre que nos permita disipar nuestra niebla y crear nuestra magia, nuestras ilusiones, nos convertiremos en magos.

05/05/2006 20:14 Autor: Laura. . Tema: Cuentos Hay 8 comentarios.

La Tristeza y la Furia

En un reino encantando, donde los hombres nunca pueden llegar; o quizás donde los hombres transitan eternamente sin darse cuenta. En un reino mágico donde las cosas no tangibles se vuelven concretas, había una vez un estanque maravilloso, era una laguna de agua cristalina y pura, donde nadaban peces de todos los colores existentes y donde todas las tonalidades del verde se reflejaban permanentemente.

Hasta este estanque mágico y transparente se acercaron a bañarse haciéndose mutua compañía la Tristeza y la Furia; las dos se quitaron sus vestimentas y, desnudas, las dos entraron en el estanque.

La Furia, apurada como siempre está la furia, urgida sin saber porqué, se bañó rápidamente y más rápidamente aún salió del agua, pero la furia es ciega, o por lo menos no distingue claramente la realidad, así que desnuda y apurada se puso al salir la primera ropa que encontró y sucedió que esa ropa no era la suya sino la de la Tristeza y, así vestida de tristeza, la Furia se fue muy calma y muy serena.

Dispuesta como siempre a quedarse en el lugar donde está, la Tristeza terminó su baño y, sin apuro, o mejor dicho, sin conciencia del paso del tiempo como es su costumbre. Con pereza y lentamente salió del agua; en la orilla se encontró con que su ropa ya no estaba, como todos sabemos si hay algo que a la tristeza no le gusta es quedar al desnudo, así que se puso la única ropa que había junto al estanque; la ropa de la Furia. 

Cuentan que desde entonces uno se encuentra con la furia ciega, cruel, terrible y enfadada, pero si nos damos el tiempo de mirar bien nos encontramos que esta furia que vemos es solo un disfraz y, que detrás del disfraz de la Furia, en realidad está escondida la Tristeza.

Jorge Bucay

01/05/2006 12:55 Autor: Laura. . Tema: Cuentos Hay 4 comentarios.

No lo puedo evitar… ¡me fascinan!

Como dice Pennac, "leer no soporta el imperativo", pero os invito a leer y reflexionar sobre esta historia, que he encontrado gracias a la reflexión de otro medio de comunicación de las nuevas tecnologías, el correo electrónico.

Me pregunto si habrá algún curso o seminario relacionado con el uso de estas historias, cuentos, analogías o metáforas, cómo diseñarlas, emplearlas en la enseñanza, etc. O incluso, que fuera una asignatura de libre elección... seguro que la elegía.

Os dejo con la historia...

Había una vez un hombre que buscaba. Nadie sabía el qué, ni siquiera él, pero buscaba día y noche. ¿La felicidad? ¿El amor? ¿la sabiduría? ¿el placer? quizás todo eso y mucho más... o quizás nada de eso... el caso es que el hombre llevaba buscando años y años...

Una vez acampó en un pequeño pueblo del sur de la India. En su largo viaje había oído hablar del sabio más fascinante de todo el mundo. La gente decía que con sólo mirarte, era capaz de narrarte tu pasado y tu presente. El sabio, un anciano budista, vivía apartado de la sociedad, pero hasta él llegaban en peregrinación cientos de personas al día. Él daba respuesta a todas las búsquedas desde hacía más de cien años.

El viajero durmió en un pueblo cercano y, a la mañana siguiente, se puso a caminar hacia la aldea donde se alojaba el anciano centenario. Al llegar, había tanta gente esperando a la entrada de la casa que el viajero tuvo que esperar varias horas. Estaba impaciente, ilusionado, nervioso, esperanzado..., sentía un cosquilleo en su estómago: por fin alguien le iba a mostrar lo que buscaba y se lo iba a dar.

Muchas horas después de que cayera el sol, un joven salió de la casa del sabio y llamó al buscador, que entró ansiosamente.

- Buenas noches, señor - dijo el viajero al sabio al entrar en la sala en la que el anciano se encontraba - he venido desde muy lejos para que me muestre lo que busco. He oído hablar extremadamente bien de usted, y confío en que me ayudará.

- Siéntate, hijo - le dijo el anciano con una voz dulce y cálida - por tu cara morena, tus manos y tus botas, veo que ciertamente llevas mucho tiempo caminando. No llevas casi equipaje, por lo que también veo que te has desprendido del pasado... tal vez doloroso. Tu pelo y tus ojos están cansados... no les has dado tregua... y dime ¿qué quieres?

- Deseo que me diga qué busco. Al principio pensaba que era el amor, pero cuando lo tuve no me conformó. Después busqué la felicidad, pero una vez que la tuve... la dejé, no me llenaba... y así con todo, señor.

- Comprendo, hijo. Pues ánimo, sigue buscando...

- ¿Nada más? ¿No me va ha decir nada más? - dijo el viajero enfadado y defraudado.

- No. Verás, hay gente que busca sin querer encontrar. Algunos ni saben lo que buscan, pero buscan. Centran su vida en la búsqueda y, cuando encuentran, pierden lo que hasta ese momento había sido su razón de vivir. Escúchame atentamente, joven. Hay personas que pasan sus días buscando pero, en silencio, desean que ese momento del encuentro no llegue nunca... de esta manera, continúan manteniendo la esperanza de que todavía les queda lo mejor por descubrir... tú tienes miedo de encontrar. Sabes perfectamente cómo buscar, pero no estás preparado para encontrar... tus miedos son más fuertes que tú. Has dejado pasar muy buenas oportunidades... y ahora ¿qué quieres que te diga yo? Diga lo que diga, no te gustará y seguirás buscando a otros sabios... porque ese eres tú, un buscador miedoso, cobarde y ciego...

- Usted está equivocado, no me conoce. Yo quiero encontrar - dijo el viajero indignado, mientras se levantaba de su asiento y se aproximaba a la puerta de salida - es usted un viejo farsante.

- Es posible. Siga buscando, amigo. De esa forma, su esperanza se mantendrá viva y no correrá el peligro de sufrir decepciones. El buscador se marchó de allí llorando. El sabio lo había descubierto...

Y quizás, si hubiésemos hablado nosotros con ese mismo sabio, habría descubierto que la búsqueda nos ha atrapado a nosotros también...

21/04/2006 18:01 Autor: Laura. . Tema: Cuentos Hay 1 comentario.

Amor y Locura

Cuentan que una vez se reunieron en un lugar de la Tierra todos los sentimientos y cualidades de los hombres. Cuando el Aburrimiento había bostezado por primera vez, la Locura, como siempre tan loca, les propuso: "¿jugamos al escondite?". La Intriga levantó la ceja intrigada, y la Curiosidad, sin poder contenerse, preguntó: "¿al escondite, y qué es eso?" - "es un juego", explicó la Locura, "un juego en el que me tapo la cara y empiezo a contar desde uno a un millón, mientras vosotros os escondéis, y cuando yo haya terminado de contar, el primero de vosotros al que yo encuentre ocupará mi lugar para continuar el juego".

El Entusiasmo bailó secundado por la Euforia, la Alegría dio tantos saltos que terminó por convencer a la Duda, e incluso a la Apatía a la que nunca le interesaba nada. Pero no todos quisieron participar, la Verdad prefirió no esconderse, ¿para qué?, si al final siempre la hallaban, y la Soberbia opinó que era un juego muy tonto, en el fondo lo que le molestaba es que la idea no hubiera sido suya, y la Cobardía prefirió no arriesgarse.

"1, 2, 3 ..." comenzó a contar la Locura. La primera en esconderse fue la Pereza, que se dejó caer en la primera piedra del camino; la Fe subió al cielo, y la Envidia se escondió tras la sombra del Triunfo, que con su propio esfuerzo había conseguido subirse a la copa del árbol más alto; la Generosidad casi no alcanzaba a esconderse, cada sitio que hallaba le parecía maravilloso para alguno de sus amigos: que si un lago cristalino, ideal para la Belleza, que si la sombra de un árbol , perfecta para la Timidez, que si el vuelo de una mariposa, lo mejor para la Voluptuosidad, que si una ráfaga de viento, magnífica para la Libertad; así que terminó por ocultarse en un rayo de sol. El Egoísmo, en cambio, encontró un sitio muy bueno desde el principio: ventilado, cómodo, pero eso sí, sólo para él. La Mentira se escondió en el fondo de los océanos, ¡mentira, mentira!, en realidad se escondió detrás del arco iris; y la Pasión y los Deseos en el centro de los volcanes. El Olvido... el Olvido se me olvidó dónde se escondió, pero eso no es lo importante. Cuando la Locura contaba 999.999, el Amor todavía ni había encontrado sitio dónde esconderse, pues todo se encontraba ocupado, hasta que divisó un rosal y enternecido decidió esconderse entre sus flores.

Un millón contó la Locura y comenzó a buscar. La primera en aparecer fue la Pereza, sólo a tres pasos de la piedra. Después se escuchó a la Fe discutiendo con Dios en el cielo sobre zoología, y a la Pasión y el Deseo los sintió en el vibrar de los volcanes. En un descuido encontró a la Envidia, y pudo deducir dónde estaba el Triunfo; al Egoísmo no tuvo ni que buscarlo, el solito salió disparado de su escondite, que había resultado ser un nido de avispas. De tanto caminar sintió sed y al acercarse al lago descubrió a la Belleza, y con la Duda resultó más fácil todavía, pues la encontró sentada sobre una cerca sin decidir aún de qué lado esconderse. Así fue encontrando a todos: el Talento entre la hierba fresca, la Angustia en una oscura cueva, la Mentira detrás del arco iris, y hasta el Olvido, a quien ya se le había olvidado que estaba jugando al escondite. Pero sólo el Amor no aparecía por ningún sitio. La Locura buscó detrás de cada árbol, en cada arroyo del planeta, en cada cima de las montañas, y cuando estaba por darse por vencida, divisó un rosal y las rosas, y empezó a mover las ramas, cuando de pronto, un doloroso grito se escuchó. Las espinas habían herido en los ojos al Amor. La Locura no sabía que hacer para disculparse: lloró, rogó, imploró, pidió perdón y hasta prometió ser su lazarillo.

Desde entonces, desde que por primera vez se jugó al escondite en la Tierra, EL AMOR ES CIEGO Y LA LOCURA SIEMPRE LO ACOMPAÑA.

                                                                                                                                                        JORGE BUCAY

30/03/2006 13:05 Autor: Laura. . Tema: Cuentos Hay 1 comentario.

Reflexión sobre la vida

Un profesor, delante de sus alumnos de la clase de filosofía, sin decir ni una palabra, cogió un bote grande de vidrio y procedió a llenarlo con pelotas de golf.

Después preguntó a los estudiantes si el bote estaba lleno. Los estudiantes estuvieron de acuerdo en decir que sí. El profesor cogió una caja llena de perdigones y los vació dentro del bote.

Los perdigones llenaron los espacios vacíos que quedaban entre las pelotas de golf.

El profesor volvió a preguntar de nuevo a los estudiantes si el bote estaba lleno, y ellos volvieron a contestar que sí.

Después el profesor cogió una caja con arena y la vació dentro del bote.

Por supuesto que la arena llenó todos los espacios vacíos y el profesor volvió a preguntar de nuevo si el bote estaba lleno. En esta ocasión los estudiantes le respondieron con un sí unánime.

El profesor, rápidamente añadió dos cervezas al contenido del bote y efectivamente, el líquido llenó todos los espacios vacíos entre la arena.

Los estudiantes reían. Cuando la risa se fue apagando, el profesor les dijo: “Quiero que os fijéis que este bote representa la vida. Las pelotas de golf son las cosas importantes como la familia, los hijos, la salud, los amigos, el amor, cosas que te apasionan. Son cosas que, aunque perdiéramos el resto y nada mas nos quedasen estas, vuestras vidas aún estarían llenas”.

Los perdigones son las otras cosas que nos importan, como el trabajo, la casa, el coche...

La arena es el resto de las pequeñas cosas.

Si primero pusiéramos la arena en el bote, no habría espacio para los perdigones, ni para las pelotas de golf. Lo mismo sucede con la vida. Si utilizáramos todo nuestro tiempo y energía en las cosas pequeñas, nunca tendríamos lugar para las cosas realmente importantes.

Presta atención a las cosas que son cruciales para tu felicidad. Juega con tus hijos, ve con tu pareja a cenar, practica tu deporte o tu afición favorita. Siempre habrá tiempo para limpiar la casa, para reparar algo, etc.

Ocúpate primero de las pelotas de golf, de las cosas que realmente te importan. Establece tus prioridades, el resto solo es arena.

Uno de los estudiantes levantó la mano y le preguntó qué representaban las cervezas.

El profesor sonrío y le dijo: "¡Me encanta qué me hagas esta pregunta! La cerveza es para demostrar que aunque tu vida te parezca llena, siempre hay un lugar para dos cañas con un amigo".

13/03/2006 18:49 Autor: Laura. . Tema: Cuentos Hay 2 comentarios.

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